VETADA LA ENTRADA

Sentinel del Norte, la isla habitada por indígenas que es mejor no visitar nunca

Sentinel del Norte, la isla que no hay que visitar bajo ingún concepto. (Foto: YouTube)
Sentinel del Norte, la isla que no hay que visitar bajo ingún concepto. (Foto: YouTube)
La Isla Sentinel del Norte, que pertenece a las Islas de Andamán, es una pequeña isla de no más de 70 kilómetros cuadrados que se asienta en la India.
Sentinel del Norte es una isla de India habitada por una de las tribus más aisladas del mundo. Se encuentra en el golfo de Bengala y, aunque la administra el Gobierno indio, los sentineleses —entre cincuenta y cuatrocientas personas— viven en libertad y sin contacto con el mundo exterior. Es por ello que siempre muestran una actitud hostil a cualquier visitante extraño. 

Sentinel del Norte forma parte del archipiélago de las islas Andamán, destino turístico por sus paisajes paradisíacos, y es vecina de Sentinel del Sur, que está deshabitada y se considera un santuario natural.

Los sentineleses, que pueblan desde hace más de 60.000 años esta isla de sesenta kilómetros cuadrados, descienden del primer éxodo africano y subsisten mediante la caza y la pesca. En 1981 dieron el salto del neolítico a la Edad de Hierro cuando un carguero hongkonés varó en la costa de la isla. Los tripulantes del barco, que aún es visible desde el aire, fueron rescatados, y los sentineleses incorporaron el hierro de la nave a sus armas de madera y piedra.

Sentinel del Norte ha copado muchos titulares desde hace algunos años a raíz de algunos incidentes con visitantes a la zona. En 2018, un misionero estadounidense trató de desembarcar en lo que llamaba “el último bastión de Satán” para convertir al cristianismo a sus pobladores, que lo asesinaron.


Su cuerpo no se ha podido recuperar. El Gobierno indio decidió en 2005 no interferir en la isla, después de que los aborígenes recibieran con flechas y lanzas un helicóptero enviado para comprobar daños tras el tsunami de Indonesia.

Otros dos pescadores indios fueron asesinados al año siguiente, e India estableció una zona de exclusión de cinco kilómetros alrededor de la isla y alertó del peligro mortal que suponía cruzar ese perímetro.

Entre los años setenta y noventa hubo algunos encuentros pacíficos, como los del antropólogo indio Triloknath Pandit, que lideró varias expediciones a la isla. Pese a unos primeros intentos con respuesta hostil, Pandit y su equipo llevaron regalos a los sentineleses, como cocos y plátanos, y vivieron para contarlo.

Pese a ello, el antropólogo se ha arrepentido de sus visitas y ha condenado los esfuerzos “pacificadores” que violan el derecho de los aborígenes a no ser molestados. También es importante destacar que los sentineleses no son caníbales, como se solía creer, pero mantienen su actitud agresiva ante cualquier acercamiento, sobre todo de pescadores. 

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