TAN CERCANO

El mayor fiordo del sur de Europa, en Montenegro, un país bello y elegante

Montenegro, una grata sorpresa muy cercana. (Foto: J. A. Ruíz Díez)
Montenegro, una grata sorpresa muy cercana. (Foto: J. A. Ruíz Díez)
Kotor es una ciudad medieval intacta, con su muralla, callejuelas empedradas que te van adentrando en sus rincones, bazares, iglesias con reliquias, vistas impresionantes de un mar muy azul y empinadas montañas.
¿Dónde podrías encontrar el mayor fiordo del sur de Europa y delante una ciudad medieval perfectamente conservada en la ladera de una montaña? ¡En Montenegro! Pocas veces nos ponemos a pensar en que hay países chiquiticos por ahí escondidos que son fantásticos. Y éste es uno de ellos.

Así que dejamos los budas y el Río Mekong de la encantadora Luang Prabang en Laos y nos vamos a Europa, a un país que formaba parte de Serbia y antes de Yugoslavia. Comenzamos…

Mi hermana Lara y yo pasamos varios días allí procedentes de Albania y la verdad es que salimos felices como perdices. No esperábamos que fuera tan bonito aquello. Cuando te pasas la vida en viajes mucho más salvajes, como es mi caso, de vez en cuando se agradecen lugares así.

Y para que luego no os quejéis y me digáis que sólo hablo de sitios a los que nadie va… Quizá el lugar más impresionante sea Kotor. Una ciudad medieval intacta, con su muralla, con sus callejuelas empedradas que te van adentrando en sus rincones, sus bazares, sus iglesias con reliquias del año catapún chimpún (hay de todo, a saber, dedos, manos… si, si… de todo), con unas vistas impresionantes de un mar muy azul y empinadas montañas… Un emplazamiento soberbio con un bagaje histórico muy rico.



Por algo es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Claro, como es tan súper genial de los geniales, yeah, y tal pues atrae a muchos turistas y no faltan las cabezas en las fotos en temporada alta y los chiringuitos de pizza. Por cierto, muy buena pizza comimos allí. Todo sea dicho.

También tiene un museo marítimo y hasta un museo de la tortura medieval… No os miento, éste último está muy bien hecho y se oyen desgarradores gritos y dolorosos gemidos por todos lados. Parece un museo de cera en movimiento.

Cada representación (cada salvajada) está elaborada con detalle y aunque no lo veo yo muy apto para todo el mundo, fue interesante ver cómo se impartía justicia hace cientos de años por aquellos parajes. Sería algo así como: “A ver, ¿qué ha hecho éste?”, “Ha robado dos gallinas”, “A ver, a ver… Dos gallinas… Sí, dos gallinas, aquí está… Hay que sacarle los intestinos poco a poco… ¡Proceda, verdugo…!”. Es lo que había…


Bajar a la costa en la bahía de Kotor es otro premio. No ya sólo por la arquitectura medieval reinante sino también por sus acogedoras terrazas y un paisaje espectacular. Como teníamos coche, nos fuimos a dormir a otro lugar emblemático del país: Cetinje, que fue capital de Montenegro. Pura elegancia y clima fresquito por la altura. Mansiones, palacios, zonas boscosas, paseos… monumental.

Por la noche, muchas terracitas, agradables bares y buena comida. Nos encantó. Allí la nota la puso un individuo (que iba con su mujer) cuando entramos en el ascensor del hotel para ir a nuestra habitación. Oímos que hablaban en español así que lo lógico que me salió fue un: “¡Anda! ¡Otros españoles! ¿Qué tal vuestro viaje?”. Lo que no me esperaba era la respuesta que fue nada menos que: “No, no, de españoles nada… ¡VASCOS!”. La mujer le empezó a dar codazos y nosotros nos miramos con cara de: “¿A qué coño viene esto?”. Supongo que a él no le gustó tanto la pizza como a nosotros. Sin comentarios.



Lara y yo íbamos tan felices de un lado a otro con nuestro coche descubriendo lugares. Otro que nos gustó mucho ver desde fuera (porque no entramos) fue Sveti Stefan. Se encuentra en la zona de Budva, que tiene buenas playas y aunque la de este lugar no es la mejor, un islote de esas características unido por playa y un puente (antiguamente era una isla separada) a la costa es toda una postal.

Antiguo fuerte y después un poblado, el tema es que lo han convertido en un resort 5* y se acabaron las risas. No te dejan entrar si no estás hospedado allí. Eso sí, puedes estar en la playa y ver el lugar el tiempo que quieras que no está mal.



Y los días iban pasando y llegó el momento de volver a Albania con nuestras cámaras repletas de fotos, sorprendidos porque superó nuestras expectativas y la certeza de que pondríamos a Montenegro en un lugar privilegiado en la lista de destinos de la región.

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