ACOGEDOR

Malawi ¡pero qué buen rollo en este país lleno de atractivos!

Maravillosa puesta de sol en el Lago Malawi. (Foto: J. A. Ruiz Díez)
Maravillosa puesta de sol en el Lago Malawi. (Foto: J. A. Ruiz Díez)
Un pequeño país africano, incrustado geográficamente entre Tanzania, Zambia y Mozambique, que es bañado por un impresionante lago, el Lago Malawi.
¿País sin costa pero con buenísimas playas? ¿Gente súper sociable? ¿Buen rollo total? ¡Malawi! Un pequeño país incrustado geográficamente entre Tanzania, Zambia y Mozambique que es bañado por un impresionante lago, el Lago Malawi.

Pues nada, dejamos Montenegro y sus ciudades medievales (y sus torturas) de la semana pasada y nos vamos a África. ¡Adelanteeeeeee! Aunque Malawi es chiquitillo y no tiene las mejores conexiones por aire o tierra para llegar, es uno de los países del Sur del continente que mejores recuerdos me han dejado.



Me lo pasé tan bien que volveré cuando tenga ocasión. No puedo decir que sea el país más impresionante de África pero es de esos en los que estás muy a gusto. Todo es fácil, la gente es muy agradable y el territorio, al ser pequeño, controlable.

Yo llegué desde Zambia con una “mochililla de ná” y me tiré unos cuantos días. Ya el primer día apuntaba a una estancia memorable porque, en cuanto pisé mi alojamiento, las risas empezaron a hacer abundante aparición. Era un lugar lleno de gente de todas las nacionalidades donde “rulaban” tantas cervezas por el bar como hormigas por el suelo.



Algo que me sorprendió de la gente local fue su actitud. En general, en África, los locales muchas veces se mantienen al margen de lo que hacen los blancos en el ámbito social. Pero en Malawi es todo lo contrario. Son uno más y eso me gustó mucho.

Sin darme cuenta, ya estaba yo allí con un inmenso grupo de gente local y extranjera yendo de un lado para otro para seguir la fiesta. Más que nada porque con el griterío la gente no podía ni dormir. No obstante, creo que había sólo un chino en la cama nada más y los demás dándolo todo en el bar adjunto.



No faltaban las voluntarias de ONG’s con sus novios locales, el clásico viajero que te quiere contar con detalle el porqué de la crisis mundial y cómo solucionarla, la austriaca que te hace ojitos, el despistado que llega sin reserva todo sudoroso con una mochila más grande que él, el español con pelos en las orejas y la “rata pa fuera”… (ese era yo)… en fin, toda la tropa.

La capital del país, Lilongwe, es calmada y con contrastes. Lo mismo te encuentras casas de madera a punto de colapsar como algunos edificios modernillos y zonas residenciales. Nada del otro mundo pero más apacible que muchas capitales del continente negro.



Pasaban los días y, de repente, me avisan de que mi habitación está reservada por varios días por otra gente y yo me dije para mis adentros: “¡Yo de aquí no me voy a ir ahora! ¡jamás!”. Y terminé durmiendo en el jardín en una tienda de campaña (y no era el único). Más risas todavía. La verdad es que, un buen rollo total.

Después de varios días de parranda (como habría dicho mi abuelo) me propuse explorar un poco el país y, como no podía ser de otra manera, me dispuse a ir al Lago Malawi. ¡Oh! Queridos… el Lago Malawi… es muy “molón”. El tema es que, aunque el país es pequeño, no están tan cerca las cosas. O, al menos, las cosas que quieres.



Tras preguntar por aquí y por allá, encontré un taxista que iba a llevar a otra gente a Cape Maclear, al Sur, a orillas del lago. Al final se montó un pancho entre la gente que iba a ir. Que sí, que no… Total, que al final me hice amigo del taxista (un tío muy simpático) y nos fuimos los dos a la playa en plan turista (que no parejita) y como si nos conociéramos de toda la vida.

Por cierto, las carreteras, muy decentes. Unas cuantas horas en coche y llegamos al sitio en cuestión. Cape Maclear es lugar legendario y muy apreciado por los hippies hace muchos años. Ahora hippie, lo que se dice hippie… pues no, a menos que lleves tú unos pantalones campana y una bandana en la frente. Ahora es más “lounge” el tema.

Buenas playas, calles de arena, alojamientos acogedores y un lugar precioso que se llama Otter Point donde las aguas son súper cristalinas y el entorno espectacular. Es un lugar en el que te puedes relajar o hacer muchas actividades (hasta buceo). Eso sí, ojo con el agua…



Nos recorrimos la zona de un lado a otro durante unos pocos días, probamos la ginebra del país (de la cual se sienten muy orgullosos y no está mal), el café de Mzuzu (muy bueno) e hicimos unas cuantas fotos. Ya de vuelta, paramos para comer carne de cabra con patatas en los chiringuitos de la carretera varias veces. No lo puedo evitar, ¡me encanta!

Mis días en Malawi llegaban a su fin y, como guinda del pastel, mi nuevo amigo me invitó a cenar a su casa con su familia (mujer, niños, hermanos, tíos, sobrinos, primos, vecinos… Ya sabéis, en plan africano). Nunca habían tenido a un blanco en su casa y me acogieron como a uno más de la familia. No paraban de hacerme preguntas sobre mi vida, mi familia, si estaba casado, si tenía hijos, qué hacía en la vida, etc, etc… Mucha curiosidad que yo satisfice con gusto.

Yo les hice mi buen lote de preguntas también, por supuesto. Hoy en día seguimos siendo amigos. Nunca olvidaré mis días en Malawi pero era hora de seguir ruta hacia Zimbabwe donde otro “pocotón” de gente y de aventuras me esperaban.

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