SAHARA OCCIDENTAL

Dajla, la Costa del Viento, donde el desierto besa al Atlántico

Donde las cálidas arenas besan al Atlántico. (Foto: José Antonio Ruiz Díez)
Donde las cálidas arenas besan al Atlántico. (Foto: José Antonio Ruiz Díez)
Dunas, tremendas playas, auténtico desierto, rosados flamencos, surfistas de pelos alocados, excelentes higos chumbos y mucho, mucho viento en la ex Villa Cisneros.
Dunas, tremendas playas, auténtico desierto, rosados flamencos, surfistas de pelos alocados, excelentes higos chumbos y mucho, mucho viento. Estas son algunas de las cosas que podéis encontrar en Dajla o Dakhla o… ¿Villa Cisneros? ¿Alguien se acuerda de Villa Cisneros?

En este blog hemos recorrido ya muchos países de África pero han sido siempre subsaharianos. Hasta hoy. Por primera vez, nos vamos a la otra África, a la del norte, a la mayoritariamente musulmana, a aquella en la que el rey es, sin duda, el desierto del Sahara.



Haced las maletas que nos trasladamos desde Serbia al desierto cálido más grande del mundo. En concreto, al lugar en el que sus arenas besan el Atlántico. Dajla es una población de Sahara Occidental que antes se llamaba Villa Cisneros y que fue fundada por España en 1884 (aunque la colonia data de 1502).

Para no extenderme mucho, os diré que en 1975, el rey Hassan II de Marruecos envió a un nutrido contingente de civiles (mujeres y niños incluidos) a penetrar el territorio y, desde entonces (quitando un período en el que fue compartida su administración con Mauritania), son ellos quienes ocupan la antigua colonia española.



España se replegó y quedó una herida que hoy en día sigue abierta y un pueblo, el saharaui, que sigue sufriendo las consecuencias. Este “país” está dividido en dos partes. La administrada por Marruecos y la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) gobernada por el Frente Polisario (¿os suena?). Pero nosotros, más que bañarnos en política internacional, nos vamos a bañar en el sol de un lugar que a mí me encantó.



Dajla es un sitio tranquilo durante el día y animado por la noche cuando las calles y sus mercados se llenan de gente. De gente muy amable que deambula de un lado para otro. En la misma ciudad no hay playa pero tiene un estupendo paseo marítimo con algunas terrazas y restaurantes. Da gusto pasear por allí. No faltan los militares y sus bases pero es un lugar agradable y pacífico (por ahora, que nunca se sabe).



En toda la zona predomina el contraste de los colores del desierto y el intenso azul del mar. Aunque hay playas cerca de la ciudad, como la de Oum Al Bouir, que está muy bien pero es en las afueras, especialmente en la laguna, donde el paisaje se vuelve realmente espectacular. Es increíble de verdad. Con sus dunas, sus aguas, sus flamencos…



Y, por cierto, unos restaurantes en medio de la nada donde comer langostas a siete euros e hincharte a ostras. Lujo a precio de gallina flaca. Ciertamente, el panorama gastronómico es variado y de calidad en la región. Desde comida chic hasta chiringuitos de higos chumbos (tunos).

Yo soy canario y, aunque no viví mucho tiempo allí, para mí ver un chiringuito de higos chumbos es como si eres fan total de Star Wars y se te aparece Darth Vader y te da un abrazo. Me recuerda a mi infancia.



Dignos de mención son también los pinchos morunos que venden a diestro y siniestro. De rechupete (hacía años que no decía esa palabra). ¿Y los zumos? ¡Excelentes y de todas las frutas imaginables! Nunca he entendido por qué en casi toda España sólo se puede pedir zumo de naranja, si lo encuentras, y casi tener que hipotecar tu casa para pagarlo. A ver si luego me hago unas pancartas y salgo a protestar por mi calle contra el precio del zumo de naranja.



¿Y el viento? Pues mucho y hace las delicias de los fanáticos de todo el mundo del windsurf y, particularmente, del kitesurf. No por nada se hacen campeonatos mundiales aquí. A los que se os ocurra poneros gomina, poneos el bote entero o volveréis a vuestro alojamiento con cresta.



Yo, aparte de ponerme de langostas y ostras hasta que se me salieron por las orejas, fui a un lugar en el que te hacen un masaje con aguas termales a presión que es una risa y te abolla las rodillas.

¡Ojo! Si vais (hombres) tapaos con las manos el paquete porque te puede salir el pito volando sin contar el dolor de pelot… ¡Hala! Pues ahí os dejo Dajla, Dakhla o Villa Cisneros. Como más os guste.

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