TRADICIÓN Y DIVERSIÓN (y II)

Armenia, entre el jardín de Edén y la montaña en la que se posó el arca de Noé

Un puente no apto para los que tengan vértigo. (Foto: José Antonio Ruiz Díaz)
Un puente no apto para los que tengan vértigo. (Foto: José Antonio Ruiz Díaz)
El primer país en convertirse al cristianismo está lleno de monasterios e iglesias, tiene vistas al Monte Ararat, el lago Seván a 2.000 metros de altitud y un puente alucinante, el de Khndzoresk.
Hoy os voy a terminar de contar cómo me fue por Armenia que no es poco y para que, si os animáis a ir, sepáis los lugares que más me impresionaron. Vamos allá…

No se puede hablar de Armenia sin mencionar su enorme cantidad de iglesias, monasterios y otros templos cristianos. Sería como hablar de jerseys viejos y no hablar de pelotillas. Muchos de ellos son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y están bastante bien conservados.


Y tiene muchos porque este país no es ni más ni menos que el primero del mundo en convertirse al cristianismo. Hecho que ocurrió en el año 301. Mucho antes que las pipas Facundo o el primer programa de Saber y Ganar.



La historia de cómo ocurrió la podéis encontrar en un monasterio llamado Khor Virap. Un emplazamiento con unas vistas del Monte Ararat espectaculares -donde se posó el Arca de Noé- y con un pozo profundo (que da nombre al lugar) en el que estuvo encerrado el pobre San Gregorio (a quién, de hecho, le deben la conversión al cristianismo en ese año) durante trece añacos sin tele ni nada. No apto para claustrofóbicos. El lugar bien merece la pena una visita.



Como preferencia personal, mencionaré el monasterio de Gherard. Que lugar… Me encantó. Allí podéis sacar unas fotos “chupi guays”. El lugar es realmente especial y hasta tiene una fuente milagrosa. Si vais a Armenia y sólo os da tiempo a visitar un monasterio, esta sería mi elección si lugar a dudas.



Uno de los preferidos, especialmente entre los locales, es Noravank y si queréis llegar más lejos, encontraréis Tatev. Este último monasterio está en un lugar de gran belleza natural y, para llegar, ¡tendréis que montaros en el teleférico más largo del mundo! Un recorrido de unos cinco kilómetros y medio por montañas y vistas geniales.



Merece la pena si vais a recorrer esa zona del país y lo podéis compaginar con el “no apto para todos” puente metálico colgante de Khndzoresk (sí, está bien deletreado) que está cerca de la población de Goris. Al otro lado del mismo podréis explorar una infinidad de templos y antiguas viviendas en ruinas excavadas y esparcidas por las montañas. ¡¡Ojo si tenéis vértigo!! Bueno, y en el teleférico también. Si queréis seguir ruta desde allí hacia el Este podríais ir a Nagorno Karabaj pero ese lugar ya es otra historia. Larga y sangrienta historia…



Tanta iglesia, tanta boda. No es raro asistir a una boda local en vuestras visitas. Son algo oscuras pero el ritual es interesante y que no os de miedo que no seréis los únicos (probablemente) con la cámara a cuestas.

En Armenia, tener un nutrido grupo de amigos o un fotógrafo no es indispensable para tus celebraciones más preciadas. Siempre hay turistas preparados para hacer bulto y sacar un sinfín de fotos del evento.



Dejamos los templos religiosos para resaltar también el Lago Seván (¡que está a casi 2.000 metros de altitud!). Lugar que hace las delicias de propios y foráneos por su buen ambiente, su majestuosidad y las comilonas a sus orillas. Además, se llega en un cataplasma desde la capital. La verdad es que no tanto cataplasma pero no está lejos. El país ofrece más maravillas pero… es que me está viniendo a la cabeza algo que ocurrió allí que me da cosa contar y que fue de lo más “heavy metal”. Una de esas situaciones que… No, no puedo… Bueno, resulta que estaba yo… No, imposible… En otra ocasión. No me preguntéis, ¿eh? Algún día lo contaré. Cuando no pueda crear problemas…



Lo que si no quiero de ninguna manera es terminar este post sin escribir sobre el genocidio que sufrió el país a manos del Imperio Otomano en el que más de un millón de personas fue exterminado hace un siglo. Se puede ver un interesante memorial en Yereván sobre estos acontecimientos. Triste historia, muy triste. El ser humano no conoce límites de maldad (aunque tampoco de bondad).

Y con esto y un bizcocho… No, mejor, con esto y un milhojas, hasta la semana que viene si te antojas. (Mira que estoy tontuno hoy…)

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