PARAÍSO TERRENAL

Anguila: Caribe, súper Caribe y la espectacular Shoal Bay Beach

Bailar entre delfines en Anguila. (Foto: José Antonio Ruiz)
Bailar entre delfines en Anguila. (Foto: José Antonio Ruiz)
A grandes rasgos, esta isla y su archipiélago del mismo nombre están al Este de Puerto Rico y al Norte de Venezuela. Más concretamente, al Norte de las Antillas Menores.
Reconozcámoslo, cada vez que seguimos oyendo la palabra “Caribe”, nuestros cerebros se excitan, arenas blancas y aguas turquesas acuden a nuestra imaginación y envidias sanas (y no tan sanas) revolotean en el ambiente. El Caribe sigue gozando de esa fama de paraíso terrenal al que todos queremos ir alguna vez, ¿¿o no??

Pues vámonos corriendo a esas aguas que nos están esperando. Decimos “chao pescao” a los cuentos de hadas de Luxemburgo de los que os hablaba la semana pasada y nos vamos a Anguila, una isla de tremenda belleza bañada por este evocador mar. ¡Adelante!



Como hemos hecho en alguna ocasión, os voy a ubicar primero. A grandes rasgos, esta isla y su archipiélago del mismo nombre están al Este de Puerto Rico y al Norte de Venezuela. Más concretamente, al Norte de las Antillas Menores y justo encima de la isla de San Martín (Sint Maarten – Saint-Martin). Asimismo, os comento que es un territorio de ultramar del Reino Unido. Ya estamos, ¿no? Seguimos pues…

Los que habéis visitado el Caribe es probable que hayáis visto la clásica camiseta que dice “Different island, same shit” (Diferente isla, misma mierda) que hace alusión a que muchas islas se parecen en cuanto a lo que ofrecen. No obstante, nada más lejos de la realidad aunque tengan semejanzas. Para mí, hay Caribe y súper Caribe.



No todas las islas son igual de “molonas” en lo que a playas se refiere. Hay de todo aunque es evidente que las hay muy buenas en muchas islas (como en mi querido Pacífico) y, sin duda, algunas de mis preferidas se encuentran en Anguila.



Y es que… ¡Menudas playas tiene Anguila! Por ejemplo, Shoal Bay Beach. Y no lo digo sólo yo, ¿eh? Yo llegué en un barquito desde la isla de San Martin y, tras mostrar mi pasaporte en un pequeño embarcadero, ya podía divisar las arenas blancas y las aguas turquesas… Pero aunque tenía un impulso irrefrenable de salir corriendo hacia el mar con la boca abierta de par en par y los ojos desorbitados mientras me despelotaba por el camino e iba tirando todo lo que llevaba conmigo como si se fuera a acabar el mundo, primero me detuve un buen rato en un lugar muy particular de la isla.



Se trataba de uno de esos sitios en los que te puedes bañar con delfines en su “hábitat natural”. No es que me agrade mucho ver animales ni en ésta ni en ninguna otra forma de cautiverio (hoy en día ya me da cosa hasta ir a un zoo) pero bueno. En cualquier caso, es una bonita experiencia estar allí con ellos, interactuando, jugando… Son inteligentes y se nota. Fabulosos animales son.

Debo reconocer que el recuerdo más sonoro que tengo de aquel encuentro no fueron los delfines en sí (de los que, lógicamente, también me acuerdo) sino la conversación que se mantuvo frente a ellos, pobrecillos. Atención…



Éramos un pequeño grupo de personas en el agua (a la altura del ombligo) y, entre ellas, se encontraba una pareja bastante, vamos a decir, vistosa. Estaban de luna de miel y él tenía cuerpo de culturista a tope marcando musculitos en cualquier postura. Ella, por su lado, increíble tipazo, culito respingón y los dientes más blancos que la mozzarella de búfala.

Allí estaba yo también tan feliz con mis lorzas a remojo (cada uno tiene el cuerpo que tiene), claro, cuando el grupo formó un círculo. Raudo, un delfín ingresó en él y nadaba en su interior a considerable velocidad pasando muy cerca de todos los asistentes. Tan cerca que llegaba a rozar a veces nuestras partes nobles. Fue ahí donde el profesional del centro, tras unas breves explicaciones, dijo: ¿Alguna pregunta?

En ese momento, nuestra nueva amiga Mozzarella de Búfala levantó la mano y, a saltitos, dijo: “¡Yo! ¡Yo!… A ver… jijiji, el deslfinssito me está tocando mis partes… jijijijijiji… ¿¿¿Se estará excitando??? jijijijiji, porque yo…”. Nos quedamos todos perplejos y, acto seguido, su flamante nuevo marido remató la faena, al tiempo que se ponía en jarras y flexionaba sus bíceps, con un: “¡¡Eso, eso!! jejejeje ¿¿¿Se está poniendo cachondote el delfinssito con mi mujer??? jejejeje”.



Eran muy majos pero se nos plegó a todos el hipotálamo en aquel instante así que, poco después, tuve que dar rienda suelta a mis enormes ganas de ir a las playas. Y así fue. Playas de esas en las que dan ganas de quedarse horas y horas. Arena blanca de calidad, agua clara, muy poca gente… De las que te hacen soñar e invitan a pasear observando un entorno maravilloso. Y es que… el Caribe es el Caribe y Anguila el súper Caribe… 

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